El sábado 20 de Junio la mayoría de los caurienses, que no todos, fueron incapaces de contenerse y de disimular. A pesar de los llamamientos por parte de su Alcalde - que no olvidemos que está de acuerdo con esta costumbre sanguinaria - para que los habitantes de Coria siguieran con su vida normal cuando apareciesen en el Pueblo los manifestantes venidos de toda España con la intención de expresar su rechazo a la tradición del “Toro del Acerico”, una nutrida horda en apariencia integrada por seres humanos hizo caso omiso de la recomendación y esperó en las calles la llegada de los autocares con los activistas contra el maltrato a los animales.

Nada más bajarse de los vehículos los organizadores de la concentración recibieron un aviso muy clarificador por parte de los miembros de la Guardia Civil que se habían desplazado para garantizar la seguridad: “Lleven a cabo su acto porque es su derecho y cuentan con la autorización necesaria para el mismo pero por favor, no respondan a las provocaciones, a los insultos o a las amenazas de que sean objeto”.

Esa advertencia constituye una evidencia inequívoca de cuál es la actitud violenta de ciertos ciudadanos y que es conocida de antemano por parte de los Cuerpos de Seguridad del Estado. Normalmente se atribuyen las conductas “radicales” a los que participan en una protesta, en este caso los protegidos eran los manifestantes y menos mal que así ocurrió, de no haber sido por la presencia de los Agentes, el 20 de Junio de 2009 habría sido recordado como el día en el que se produjo un linchamiento masivo en Coria.

La marcha por las calles de la Localidad, portando pancartas y gritando consignas en contra de la tortura a los animales y a favor de la abolición del Toro de Coria, fue respondida con una notable vehemencia verbal por buena parte de los autóctonos, la violencia física se limitó que unos cuantos escupiesen sobre los concentrados y al lanzamiento de algún huevo; la presencia policial logró que bastantes caurienses contuviesen a duras penas otro tipo de excesos de consecuencias mucho más graves.

Durante el recorrido fueron frecuentes los gritos de ciertos energúmenos calificando de “putas” a las activistas, o tratando de convencer a la Guardia Civil de que los “cabrones” a los que estaban protegiendo y que se habían atrevido a ir a “su Pueblo” para protestar por “su Toro”, eran realmente “proetarras”. Supongo que el suyo era un intento tan mezquino como burdo de rozar la fibra sensible de los miembros de la Benemérita, para que hicieran dejación de sus funciones y les permitiesen cumplir sus amenazas de hacerle a esas “furcias” y a esos “cornudos” lo mismo que a los toros. En ese momento cobró sentido la recomendación inicial hecha por las fuerzas antidisturbios.

Y producía asombro y pesadumbre comprobar como señoras ancianas empleaban el mismo lenguaje soez y cavernario que sus hijos y nietos, unos niños que se llevaban la mano a la entrepierna mientras chillaban: “mirad hijos de puta, aquí tenemos al toro“, y eso lo hacían ante la mirada complacida y sonriente de los adultos. Es tal vez una de las traducciones más espantosas de este “bien de interés turístico”: la transmisión entre generaciones de la tortura y de la muerte de un ser indefenso como diversión y cultura. Pero, ¿qué podemos esperar de unos individuos entre los que la vejación salvaje a un animal alcanza la categoría de bien hereditario e inamovible?.

No causa sorpresa que tras la convocatoria y desde diferentes ámbitos en Coria, se afirme que no hubo agresiones verbales contra los defensores de los derechos de los animales. Teniendo en cuenta que para esta gente lo que le hacen a los toros no es maltrato, a quién puede asombrarle que no consideren sus expresiones como insultos y amenazas. No se le puede pedir un razonamiento coherente a quien tiene instalada la brutalidad en su mente y se siente orgulloso de ello.

El acto final tuvo lugar en la misma Plaza en la que se desarrolla lo más sangriento del martirio al toro durante las Fiestas de San Juan, a la que se llega a través de un arco en cuyo portón se advierte que se entra en una zona en la que el toro está libre y que el que accede allí lo hace bajo su responsabilidad, lo que se denomina “un lavado municipal de manos” ante los posibles heridos y muertos que se produzcan durante la sangrienta representación, aunque luego, cuando la desgracia ocurre, desde el Consistorio digan siempre que ellos “tomaron todas las medidas necesarias para evitarla”. “Eliminar un riesgo en su origen” - damas y caballeros que cobran por estar al servicio de los ciudadanos - esa es la primera de las premisas en la prevención, Ustedes parecen cumplir con avisar a la gente de que corre el peligro de morir allí dentro. Con el toro ni eso, a él lo matan después de atormentarlo y es que para tal fin lo han comprado con dinero público.

Se leyeron diferentes manifiestos entre los patéticos intentos de algunos caurienses por reventar la acción, valga como ejemplo el que en las puertas de un bar pusieran sus altavoces con la música a todo volumen, o los acelerones con los que castigó el motor de su motocicleta un pobre infeliz. En definitiva, trataron con el empleo de decibelios de acallar un mensaje de sensibilidad, de respeto y por la defensa de sus víctimas, pero lo único que lograron fue dar muestras de una actitud primaria, embrutecida, egoísta y cobarde.

Fue en ese momento en el que muchos habitantes de Coria lucieron su “yo” más rastrero, pues cuando Tony Moore - el viudo de Vicki Moore, la activista inglesa que acabó muriendo como consecuencia de las numerosas cornadas recibidas en Coria mientras filmaba la cruel costumbre con la intención de divulgarla - estaba leyendo un comunicado en el que expresaba su repulsa por esta tradición y por lo que de sufrimiento implica para unos animales cuya capacidad sensorial es muy similar a la nuestra, la turba enardecida le cubrió de insultos y trató, sin conseguirlo, de humillarle. La serenidad de Tony Moore, la de la hija que tuvo con Vicki y la de su actual compañera, allí presentes también, contrastaron con la miserable mezquindad de un grupo de sujetos incapaces de frenar sus instintos violentos ni tan siquiera en un instante como ese. No extraña pues, visto eso, que uno se pregunte si las antiguas sospechas de que Vicki fue empujada para que cayese al paso del toro no son algo más que rumores.

Si 150 personas llegadas de toda España y sabiéndose protegidas por miembros de la Unidad de Antidisturbios de la Guardia Civil, pueden experimentar tal sensación de acoso e intimidación por decir que “NO” a la crueldad con animales como parte de un Programa de Fiestas, imagínense Ustedes qué será lo que sienta cada uno de esos toros, rodeado por semejante masa exaltada provista de cerbatanas, en no pocos casos bajo los efectos del alcohol, lanzándole dardos y alimentando su padecimiento entre gritos, risas y siniestras demostraciones de placer ante su desdicha para al fin, matarlo de un disparo y cortarle los testículos. Y esos toros están solos, a ellos no les ampara ninguna Ley. Nosotros gozamos del derecho constitucional a manifestarnos, los infortunados toros de Coria únicamente poseen el de ser martirizados por los hombres con la colaboración necesaria e indispensable de los responsables municipales.

Esta ha sido la primera protesta organizada en Coria, en las mismas calles en las que los toros padecen y son asesinados. Habrá más, porque ese grupo dominado por el salvajismo y aún amparado por una norma que, incomprensiblemente, le autoriza a cometer tortura sobre seres vivos, tiene enfrente a un colectivo acostumbrado a luchar contra la necedad y la ferocidad humanas, aspectos indisolublemente unidos y sobre todo, comprometido por ser la voz de los que carecen de ella siendo tal limitación la causa de su condena. El sábado 20 de Junio de 2009 llegaron a Coria tres autocares llenos de personas dotadas con la fuerza que otorga la sensibilidad, venían apoyados por otros muchos a los que por diferentes motivos no les fue posible asistir pero que hubieran deseado estar allí expresando su rechazo. A los “Sanjuanes” de Coria de 2010 serán todavía más los que acudan a gritar ante los crueles: “¡No a crueldad!”. Ojalá no sea necesario hacerlo, pero mucho me temo que la cobardía y la indiferencia de los políticos, seguirá siendo una triste realidad en un País en el que un Consejo de Ministros otorga la Medalla de Honor al Mérito en las Bellas Artes a un matador de toros y en el que su Monarca, le hace entrega de la misma.

Entre el 23 y el 29 de Junio varios toros derramarán su sangre, doblarán sus patas y sucumbirán entre estertores en las calles de Coria, mientras muchos vecinos disfrutan con su miedo, aplauden su agonía y esperan impacientes la llegada de la próxima víctima. Durante esos mismos días, no pocas personas en España se estremecerán al pensar en la soledad y en la indefensión de esos animales frente a una muchedumbre desquiciada y violenta. Y es que en esta ocasión, entre cada uno de los toros y sus torturadores, no habrá miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado para impedir su padecimiento y su muerte. Si Ud. disfruta siendo testigo de la angustia de un animal no lo dude, acuda esta semana a Coria, pero si tal hecho le repugna no vaya sin escolta policial, so pena de que puedan lincharle por “puta” o por “cabrón” y en todo caso, por apoyar a la ETA. Sí, todo eso por estar en contra de la tortura de animales.

 

Julio Ortega Fraile

 

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