EL INSTINTO MATERNAL DE LOS GATOS

 

Desde que la gata se encuentra en estado de gestación ya empieza a manifestarse el instinto maternal. De hecho, cuando acaban de nacer sus pequeños, y si se encuentra alguna cría de otro animal que necesite lactancia, no duda en amamantarle y tratarle como si fuese uno más.

 

La gata puede comportarse de dos maneras conforme se acerca el parto: o bien se aísla en algún rincón del hogar o bien busca la compañía del dueño para implicarle en el próximo nacimiento. Cuando éste se produce, el comportamiento instintivo de la madre hace que los primeros cuidados sean llevados a cabo con toda inmediatez y la precisión de un cirujano. Con el alumbramiento de cada cría, la gata come la placenta, corta el cordón umbilical y limpia con suaves lamidos a su hijo, eliminando cualquier sustancia de su hocico que le impida respirar.

 

 

Otra práctica que repetirá durante los primeros días, y que se inicia tras el primer aseo, es limpiar la región anal de cada gatito con el objetivo de favorecer la micción y la defecación. Tras esto, se produce el primer amamantamiento de los hambrientos cachorros. Para ello, la gata se tumba en el suelo, adoptando una postura ligeramente encorvada, en forma de media luna, pone una pata encima de los gatitos y ronronea por pura satisfacción y como respuesta a los sonidos emitidos por los pequeños.